Llegamos al final del libro IV del salterio, con un salmo confesional que no solo concluye esta sección sino que además sirve de unión con el siguiente libro. Nos encontramos con un salmo que incluye elementos litúrgicos del salmo entonado por David cuando el arca fue traída a su lugar en Jerusalén, y una confesión muy similar a la del profeta Daniel en el tiempo de la dispersión babilónica.
SALMO 106

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