SALMOS 146-147, ALELUYA


El salterio termina con un último grupo de salmos Aleluya, 146-150, que inician y terminan con esta palabra. Un imperativo a todo lo creado para engrandecer, magnificar a Dios, todo lo que él es y lo que él hace. Salmos especialmente usados para llamarnos a nuestro deber sagrado de adorar a Dios de manera especial el culto público, pero también en nuestra devoción diaria.

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