SALMO 95, VENID, ADOREMOS Y POSTRÉMONOS


Continuamos en el libro IV de los salmos, considerando la adoración al Señor desde la perspectiva de una fe madura, una fe que si bien no siempre es fuerte, va creciendo, se va fortaleciendo en la revelación de Dios, de su carácter, de sus hechos poderosos. Esta fe puede considerar al Rey Soberano que tiene control absoluto de todas las cosas, que gobierna sobre toda su creación incluyendo a todas sus criaturas, por lo tanto, el creyente no solo halla consuelo en él, sino además profundo gozo, y razones suficientes para unirse al resto del pueblo de Dios para adorar públicamente al gran rey.

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