Faltando dos salmos para terminar la colección de himnos de devastación, llegamos a un breve cántico lleno de elogios a la ciudad de Dios que trae esperanza, que llena de aliento a todos los que sinceramente adoran a Dios y han sido favorecidos con el privilegio de pertenecer a su pueblo, de ser contados entre aquellos que tienen el privilegio de pertenecer y entrar a la ciudad de Dios.
SALMO 87, CIUDAD DE DIOS.


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