Vimos en el salmo anterior el consuelo del Señor a su pueblo afligido que podía testificar que Dios había vuelto la cautividad de su pueblo, ahora veremos desde un salmo individual, el consuelo que Dios daba a un hombre, como sabemos era el ungido de Dios, y por lo tanto a todo su pueblo.
SALMO 86, ORACIÓN DE UN AFLIGIDO.

Leave a Reply