Llegamos en este libro tercero de los salmos, al penúltimo de los salmos de Asaf (o sus descendientes más exactamente), colocados en un orden especial por inspiración divina, para enseñarnos a adorar correctamente a Dios en todos los tiempos, para orar adecuadamente en todo momento. Y qué adecuado resulta recordar que Dios es el Juez supremo, juez universal como otro salmo de Asaf en el libro segundo nos presentaba, leamos salmo 50:1-6.
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