Continuando pues nuestra serie sobre los salmos del libro segundo, nos llegamos uno de los más representativos salmos de proclamación, en el cual se encuentra el mandato universal a reconocer a Dios, sus obras, su señorío, su grandeza, su favor, a proclamar en todo lugar su alabanza. Consideremos en esta oportunidad este imperativo: aclamad a Dios toda la tierra.

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