Una familia Levita tuvo el privilegio de dirigir el cántico y servicio a Dios en su templo desde la época del rey David, y una generación tras otra, aprendió a celebrar el nombre del Señor, e incluso pudo ver el actuar de ese Dios soberano al cual exaltaban, lo cual condujo a algunos de ellos a escribir poemas como el salmo 46, al ver las maravillas de Dios a favor de su pueblo, de su remanente fiel aún en medio de una creciente apostasía.
SALMO 46, DIOS ES NUESTRO REFUGIO



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