Antes de morir el rey David, mandó proclamar a su hijo Salomón como rey en lugar suyo, y le dio instrucciones para gobernar al pueblo de Dios en el temor del Señor, le instó a ser valiente en poner por obra los mandamientos y preceptos de Dios (1 Reyes 2), a lo cual Salomón atendió, clamando a Dios por sabiduría para poder gobernar en nombre del Señor a su pueblo escogido, petición escuchada por Dios y concedida de una manera mucho más abundante de lo que esperaba Salomón


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