Se introduce la colección con los dos primeros salmos (y el 44), manifestando que a pesar de la lucha en curso dentro y fuera, hay esperanza en Dios, el salmista “habla consigo mismo”, se aconseja a sí mismo que debe mantener su esperanza en Dios. También nos ayuda Robertson a identificar que en estos salmos encontramos el uso del nombre de Dios: Elohim,
SALMO 42-43, ¿POR QUÉ TE ABATES, OH ALMA MÍA?



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