Este salmo nos lleva a reflexionar adecuadamente a la luz de los frutos que dan los árboles malos en contraste con el buen fruto de los que son árboles plantados y guardados por Dios mismo, pero también nos lleva a considerar la necesidad de aguardar solamente en la grandiosa misericordia del Señor, pues hacer otra cosa es camino de impiedad que ha de llevar a la destrucción segura.
SALMO 36, ¡PRECIOSA MISERICORDIA!



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