VanDeursen nos dice que “un poeta cantó: «Un enfermo que sana, encuentra en la vida una hermosura que había olvidado de prisa». Pero el enfermo David encontró en la vida primeramente la bondad de su Dios, que él había olvidado algo. En su himno de gratitud, lo central no es su fuerza convaleciente o la hermosura de su vida, sino la alabanza del SEÑOR. Con esto comienza y con esto termina”. Este hombre tan extraordinario que dijo a Dios: “Ta alabaré para siempre”, fue también un pecador que necesitó ser corregido y enseñado por Dios, para que pudieran comprender de dónde venía su fortaleza y firmeza.
SALMO 30, te alabaré para siempre



Leave a Reply