Un humilde pastor de ovejas fue escogido por Dios para pastorear a su pueblo. Y no fue de la noche a la mañana que se convirtió en rey, pasaron muchos años, muchas persecuciones y angustias, muchos momentos en los que parecía que había llegado su final. Y cuando por fin es reconocido por el pueblo como rey, como el ungido del Señor para ser rey, no todos le apreciaron y le amaron con fidelidad, sino que conspiraron contra él, tal como vimos en el salmo número tres. Pero en medio de tales situaciones, el rey David, aprendió a confiar solamente en Dios, a expresar su alabanza y reconocimiento al Señor que lo había sostenido, y que le había dado promesa de un reino eterno. Así encontramos ahora el salmo cuatro, escrito muy probablemente cerca a la fecha de escritura del salmo anterior. Y podemos encontrar similitud entre estos salmos, ambos son usados en especial para exaltar al Señor y manifestar la confianza en él tanto al levantarse como al acostarse, para ofrecer sacrificio de alabanza a Dios por la mañana y por la tarde. Por eso vemos el título del salmo, oración vespertina de confianza en Dios, dirigido al director del coro en el templo para el acompañamiento musical del salmo con instrumentos de cuerdas.
SALMO 4 – ORACIÓN VESPERTINA DE CONFIANZA



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