El llamado a la unidad cristiana entonces no se trata de esa idea barata de ecumenismo, ni del sueño de una sola religión mundial que muchos quieren sacrificando en medio de todos los ídolos al Dios Verdadero, al único Señor y Salvador Jesucristo. Pero ya se nos ha advertido en esta misma carta que un día toda rodilla se doblará y toda lengua confesará al Señor, ya sea por experimentar su misericordia como la iglesia de Roma y la iglesia de todos los tiempos, o ya sea cuando reciban el juicio divino como sucederá al fin de los tiempos. Considerando entonces nuestra unidad en Cristo, sin distingos de nacionalidad, o raza, se nos muestra que es solamente para la Gloria de Dios que fuimos aceptados en Cristo, que solamente para la Gloria de Dios vino Cristo, y que solo para la Gloria de Dios
ROMANOS 15:9-12, PARA GLORIA DE DIOS, PARTE II



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