Terminábamos la reflexión anterior diciendo que la perseverancia y consuelo de Dios, que hallamos solo en las Escrituras, es la que nos produce esperanza, y esto es para la gloria de Dios, puesto que es Dios mismo el padre de toda paciencia y consolación. Pablo ora y desea que la iglesia de Roma disfrute esta paciencia y consuelo de las Escrituras para poder vivir en armonía unos con otros, llenos de toda esperanza, cosa que ha de servir para promover la sola gloria de Dios, para que todos juntos glorifiquemos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Y acá debemos insistir entonces que el mandamiento que Pablo está dando a la iglesia no busca otra cosa distinta, así como toda instrucción de las sagradas Escrituras no buscan otra cosa, sino solamente la Gloria de Dios. Consideremos entonces que aquellos que ahora disfrutan de comunión con Dios, gracias a la paz que les ha traído el mismo Hijo de Dios, están llamados a vivir su día a día, a correr su carrera, a pelear la buena batalla, Para la Gloria de Dios.
ROMANOS 15:7-8, PARA GLORIA DE DIOS, PARTE I




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