Hemos dicho que el papel de las autoridades y las leyes civiles es restringir el mal, no promoverlo. Su papel es hacer temer al que hace lo malo, no al que hace el bien. Es castigar al que hace lo malo y proteger al que hace el bien. La autoridad de los magistrados y de todos los que gobiernan en cada esfera de la vida, es una autoridad delegada por Dios, y está subordinada a la ley de Dios. Entendiendo este papel de las autoridades, entendiendo la soberanía de Dios en todo este asunto de las autoridades que gobiernan, ¿cuál es el papel del cristiano?, ¿cuál debe ser nuestra actitud frente a las autoridades legítimamente constituidas? Avancemos a la tercera parte de nuestra reflexión acerca del creyente y las autoridades, enfatizando en esta oportunidad el papel del creyente.
ROMANOS 13: 5-7, EL CREYENTE Y LAS AUTORIDADES III.



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