Al considerar la relación del creyente con las autoridades que gobiernan, hemos dicho a la luz de los dos primeros versos de romanos 13, que toda persona, incluido por supuesto, todo creyente, debe dar reconocimiento a sus autoridades en cada área de la vida, observando que Dios ha establecido un orden en la familia, la iglesia y el estado, y cada autoridad establecida por Dios, está bajo la autoridad suprema de Dios mismo. Por esta razón es que el sometimiento, es decir, el respeto y acato a las autoridades es deber de toda persona, lo cual es totalmente contrario a la rebelión, cosa en la que el cristiano no puede participar. Pero vimos también que dicho sometimiento a las autoridades que gobiernan no es ilimitado, hay unas restricciones naturales, hemos afirmado que cuando la autoridad nos manda lo que Dios prohíbe o nos prohíbe lo que Dios manda, es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres, y es nuestro derecho si se quiere, o mejor nuestro deber, resistir tal tiranía, como se expone en la doctrina de los magistrados menores, que mencionamos la semana pasada. Hoy nos corresponde la segunda parte de nuestra reflexión sobre del papel del creyente y las autoridades, observando hoy especialmente el deber de las autoridades a luz de los versos 3-4 de este capítulo.
ROMANOS 13: 3-4, EL CREYENTE Y LAS AUTORIDADES II.



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