Ya hemos visto que somos una comunidad de amor que odia toda clase de mal y se aferra a todo lo que es bueno. También hemos considerado que es imposible cumplir con esto sin depender de la obra del Espíritu de Dios, para ser una familia diligente, no perezosa, que actúa sabiamente y que sirve al Señor con el fervor, el ánimo y la dirección que recibe del Espíritu Santo. Y por ese mismo Espíritu que obra en todo verdadero creyente, es que siguen las breves, pero muy dicientes exhortaciones para la iglesia que estaba en Roma en ese entonces, y para todos los que hoy se identifican como pueblo de Dios y han entendido que fueron llamados a obedecer la fe, a ser de Jesucristo. Les ruego hermanos que consideren con atención estas exhortaciones y en actitud de oración ruegue a Dios que en verdad atendamos este llamado cada uno en particular, y como congregación local.
ROMANOS 12: 12-13, FAMILIA CRISTIANA PARTE III



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