Nos enfrentamos a un delicado proceso electoral en nuestro país que demanda una reflexión cuidadosa por parte de los que se identifican como creyentes, pero hablar de estos temas suele ser causa de división en la iglesia, entonces, ¿qué hacemos, no los tocamos?, ¿decimos que los cristianos no se deben meter en la política?, o como dicen los no creyentes, “ni religión ni política se puede hablar para no pelear”. ¿Cómo deberían abordar los creyentes cada tema o aspecto que pueda afectar su unidad?, ¿de manera liviana y por encima?, ¿con un concepto vago de lo que es la unidad y lo que genera la unidad de la iglesia?
ROMANOS 12:6-8, MIEMBROS DEL CUERPO DE CRISTO, PARTE I



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