Se nos presenta ahora en el capítulo 10 cuán terrible es pretender una justicia distinta a la establecida por Dios, cuán terrible es la rebeldía de todo aquel que no se sujeta a Cristo solamente, que no depende de Cristo solamente para su salvación. Todo aquel que no confía en Cristo solamente y pretende su propia justicia, desconoce que el fin de la ley es Cristo.
ROMANOS 10:1-4, EL FIN DE LA LEY ES CRISTO.



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