En los versos 1-5 de este capítulo, el apóstol Pablo ha dejado claro que siente gran pena por la condición de incredulidad de sus connacionales que, perteneciendo a una nación privilegiada, no había respondido de manera adecuada al favor recibido. Enfatizó el apóstol su gran pena de tal modo que no hay duda que amaba a su nación, aunque amaba más a Cristo y por lo tanto debía ser fiel a su verdad y anunciar el evangelio como debía hacerlo.
ROMANOS 9:6-9, HIJOS DE LA PROMESA, PARTE I.



Leave a Reply