Habiendo ya considerado los hechos salvíficos que Dios ha estado realizando desde la eternidad a favor de sus escogidos, entendiendo que a esos que Dios llamó todas las cosas colaboran para bien, y acabando de declarar que nada los puede separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro, ahora el apóstol nos lleva a considerar un asunto que podría venir a la mente de sus oyentes, y de sus detractores respecto a su posición frente a la nación de Israel, que como citó en el capítulo dos y tres, tiene grandes privilegios que le serán demandados.
ROMANOS 9:1-5, UNA GRAN PENA



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