“!!Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. El creyente verdadero ha muerto al mundo que odia a Dios, y aunque lucha todavía con sus inclinaciones pecaminosas, no se deja dominar por ellas, sino que es llamado por el Espíritu de Dios, quien le da el poder, para mortificar el pecado en su propia vida.
ROMANOS 8:12-14, Guiados por el Espíritu



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