Es tiempo que recordemos que no es con fuerza, ni con caballos ni con ejércitos que lograremos atender nuestro supremo llamamiento, es con el Espíritu de Dios solamente. Desde la semana pasada al reflexionar en los versos inmediatamente anteriores al texto de hoy, hemos estado diciendo, somos del Espíritu y no de la carne para estar dedicados a pensar en las cosas de la carne, esto es, de la vieja naturaleza que se mueve en dirección al pecado, y que solo nos conduce la muerte, estando enemistados con Dios como lo están todos aquellos que no han recibido la justicia divina que se revela de fe en fe.
ROMANOS 8:9-11, SOMOS DEL ESPÍRITU DE DIOS, PARTE II



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