Un verdadero creyente encontrará que sus afectos naturales están en guerra contra la ley de Dios, aunque ésta sea su deleite en su mente, en su corazón, y al ver esta lucha, humildemente considera su condición y reconoce su gran necesidad de un gran Salvador. El verdadero creyente mantiene una esperanza que le hace seguir adelante, que le mantiene en pie, que le da fuerzas para luchar contra el pecado, que le hace desesperar de sí mismo para abandonarse por completo en las manos de su fiel Rey, Señor y Salvador Jesucristo, su única esperanza.
ROMANOS 7:22-14, LA LUCHA CONTRA EL PECADO, PARTE III



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