Hemos indicado desde el verso 7 que el problema del ser humano no es la ley sino el pecado. Que Cristo nos libra de la maldición de la ley, que precisamente viene a cusa del pecado. Pero el apóstol nos insiste en la necesidad de reflexionar en dicha liberación por parte de Cristo, al considerar la situación en la que nos encontrábamos todos antes de recibir la libertad que Cristo nos ha traído, y nos está diciendo: ¡cuán pecaminoso es el pecado!, que solo puede ser conocido por la ley, que nos engaña y nos mata al hacernos pensar que somos cumplidores de la ley cuando en realidad somos transgresores de la misma.
ROMANOS 7:12-13, ¡CUÁN PECAMINOSO ES EL PECADO!, PARTE II



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