Pero similar a su afirmación respecto a la gracia que nos lleva a la santidad y no al pecado, el apóstol se adelanta a posibles contradictores para señalar que la liberación de la ley, no significa que la ley sea pecado, sino que en efecto como se decía en el verso 6 de este capítulo, esta liberación nos lleva a servir a Dios bajo la dirección, bajo el dominio del Espíritu Santo que nos fue dado.
ROMANOS 7:7-11, ¡CUÁN PECAMINOSO ES EL PECADO!



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