Cristo ha dicho a sus discípulos, “si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”. Es decir, que sus discípulos debían poseer y actuar en consecuencia, con una justicia que no era un mero formalismo exterior sino una justicia interior, que llenaba sus vidas de adentro hacia afuera, de acuerdo al sentido original de la ley promulgada con Moisés.
Mateo 5:43-47, Justicia perfecta: amor al prójimo


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