La enseñanza de la sana doctrina, hemos visto, corresponde tanto a los ancianos puestos al cuidado de la iglesia como a los hombres y mujeres mayores. Hoy nos corresponde meditar en el deber que le asiste a los más jóvenes. Los que tal vez aún no tienen la experiencia ni la responsabilidad que tienen los más viejos de la iglesia
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