Ya hemos dicho que mujeres de la iglesia, absolutamente todas, están llamadas a predicar la sana doctrina, no como “pastoras” o “presbíteras”, pues ni aún la esposa del pastor es pastora; sino al igual que los hombres mayores, con su estilo de vida, con su conducta como siervas de Dios y maestras de lo excelente como se nos introduce en el verso 3
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