En la primera parte de este pasaje vimos cómo el Señor Jesús cumple su promesa de mostrar a unos discípulos parte de su gloria, de tal manera que ellos empiecen a ver el reino de Dios venido con Poder. Y en la reflexión anterior observamos que ver el reino de Dios, es ver anunciada la promesa del evangelio, es ver la gloria misma de Cristo en el testimonio de la ley y los profetas, como el amado del padre. Y que ver el reino de Dios es disfrutar de la presencia de Cristo, por lo tanto, todos nosotros hemos sido testigos de ese reino venido con poder. Pero ¿qué implica que ese reino haya venido?, ¿cómo podemos vivir en esa verdad que se ha hecho y sigue siendo una realidad?
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