Recordando un poco los versos anteriores, habíamos aprendido a descansar en Jesús en medio de los deberes propios de nuestra vida y ministerio, a disfrutar el tiempo a solas con nuestro Señor Jesucristo, y disfrutar de su tierna compasión por su pueblo, al cual miró en esta oportunidad como ovejas que no tienen pastor, y por tanto él mismo viene para cuidarlas y pastorearlas. En ese cuadro de comunión y descanso privado de los discípulos con el Señor, y luego la interrupción de dicho descanso por la multitud, es donde ocurre un gran milagro que impactó grandemente la vida de los apóstoles y primeros seguidores de Jesús, al punto que los cuatro evangelistas relatan este grandioso milagro cada uno dando detalles de este maravilloso ejemplo de la grande misericordia del Señor
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