“Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra. Cantad la gloria de su nombre; Poned gloria en su alabanza. Decid a Dios: !!Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. Toda la tierra te adorará, Y cantará a ti; Cantarán a tu nombre”, es la ferviente declaración del salmista que nos manda a meditar en la grandeza de la majestad de Dios en el salmo 66:1-4. Dios es grande y digno de suprema alabanza, su poder es inigualable, él es Dios, y siendo Dios, es la esperanza segura, firme y eterna de su pueblo. Ese Dios que es la esperanza firme y el motivo de gozo de su pueblo, se ha manifestado, y ha venido él mismo a salvar a los suyos, a demostrar que él es la única y sólida esperanza de su pueblo, ese Dios todopoderoso, cuyas obras son asombrosas, ha venido en busca de los suyos, a dar vida, a dar sanidad, a dar salvación completa a los suyos.
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