Queremos hoy hacer una introducción a la final de las Solas de la Reforma, Solo para la Gloria de Dios. Más que un lema, una enseñanza escritural que pocas veces consideramos en nuestro diario vivir, y antes de definir como tal el lema, quiero que veamos a la luz de la Escritura las razones por las cuales se nos llama a reconocer y darle toda la Gloria a Dios. Específicamente, a lo largo de la carta a los Romanos, el apóstol Pablo enseña que Dios ha llevado a cabo su plan de salvación, dado a conocer en el tiempo, eligiendo para sí a quienes él mismo ha querido, llamándolos de una manera irresistible, haciéndolos objeto de su amor pactual.
En su decreto eterno, Dios dejó a todos en las mismas condiciones, como en una prisión de desobediencia por causa del pecado, en esa condición estuvimos todos antes, y están ahora los que siguen en incredulidad, como los judíos en la época del apóstol Pablo, a los cuales esperaba les fuera concedida la misma misericordia que se les concedió a los creyentes que eran parte de la iglesia local que estaba en Roma como se menciona en los versos anteriores de nuestro pasaje de estudio. También en esta carta el apóstol ha dicho que todos, judíos y gentiles, somos objeto de misericordia, por lo cual ninguno tiene motivo para enorgullecerse, todos dependemos de la misericordia divina, y Dios quiso mostrar misericordia a todos. Ante este actuar de Dios que ningún ser humano se le hubiera podido ocurrir, ante la justificación por la sola fe, preparada desde antes de la fundación del mundo para los que Dios mismo conoció de antemano y los predestinó para ser hechos conformes a la imagen de su Hijo, ¿Qué podemos decir?, ¿Qué podemos pensar?, ¿Qué opinión nos merece todos estos actos de Dios?. El apóstol prorrumpe en una jubilosa alabanza, A Dios sea la Gloria…

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