Comenzamos el segundo capítulo de esta carta considerando lo que es un ministerio fiel, como el desempeñado por Pablo y sus compañeros en Tesalónica, esta gran ciudad inmersa en el paganismo, pero que debía escuchar la buena noticia del reino de Dios. Consideramos la semana pasada que esta visita no fue en vano, la iglesia lo sabía, el trabajo y angustioso esfuerzo de los misioneros no fe en vano, su compromiso con anunciar el evangelio no era algo superficial y pasajero, sino un compromiso real y permanente. Ellos no fueron movidos por malos deseos, por avaricia, ni por engaño o error. Su servicio abnegado a los creyentes fue producto de una fiel convicción de haber sido aprobados y comisionados por Dios para esto, por lo tanto, hablaron de parte de Dios y delante de su misma presencia.Consideremos ahora la segunda parte de la enseñanza titulada: Un ministerio fiel, que es un reflejo del ministerio fiel de aquel que fue hasta la cruz para mostrarnos el puro amor de Dios para librarnos de nuestra eterna miseria. Veamos en los motivos y conducta de Pablo y su equipo, el reflejo de lo que nuestro Señor nos mostró con su encarnación, su vida santa, su muerte y resurrección, y consideremos el gozo de ser beneficiarios de tan fiel ministerio para la gloria de Dios, y para bendición de su iglesia. Vamos a tratar de abarcar del verso 5-12 si Dios lo permite. Comencemos entonces considerando este ministerio fiel, como
1 TESALONICENSES 2:5-12, UN MINISTERIO FIEL, PARTE II


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