En medio de los salmos de devastación, el salmo 81 presenta la necesidad de volverse a Dios sinceramente con la esperanza de restauración, colocando como ejemplo la experiencia de liberación del pueblo de Egipto, en la cual Dios apareció como el gran pastor de aquel pueblo que fue gobernado y sustentado por José, y por ello en este salmo se llama al pueblo por este nombre. La clave para nuestra reflexión en esta oportunidad está en el verso ocho de este salmo, y nos da el título para nuestra reflexión, “oye, pueblo mío, y te amonestaré”.

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