El Dios soberano cumple su palabra, cumple sus promesas, siempre lo ha hecho, y siempre lo hará, es lo que debemos considerar a la luz del resto de este capítulo nueve de Romanos que concluye manifestando esta maravillosa soberanía de Dios en la salvación de los suyos. Sigamos considerando entonces que Dios es soberano.



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