La epístola de Judas comienza estableciendo la seguridad espiritual de los creyentes, quienes son llamados, amados por el Padre y guardados para Jesucristo, antes de lanzar un urgente llamado a “contender ardientemente por la fe” que fue entregada a los santos de una vez por todas. Esta necesidad surge porque ciertos individuos impíos se han infiltrado furtivamente en la comunidad, pervirtiendo la gracia de Dios para justificar el libertinaje sexual y negando la autoridad de nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo. Judas subraya la certeza del juicio divino mediante tres ejemplos históricos: la generación del Éxodo que fue destruida por su incredulidad, los ángeles que no mantuvieron su posición de autoridad y la ruina de Sodoma y Gomorra bajo el castigo del fuego eterno. Finalmente, describe a estos infiltrados como “soñadores” arrogantes que contaminan sus cuerpos y blasfeman contra seres celestiales, contrastando su presunción con la humildad del arcángel Miguel y señalando que actúan como animales irracionales guiados por instintos que terminarán por destruirlos.Hermanos, la sección que veremos el día de hoy no es un simple listado de pecados, sino la profunda justificación que hace Judas de su llamado urgente a la iglesia. No solo describe la maldad, sino que demuestra proféticamente que el castigo es inevitable, porque estos hombres caminan en el mismo camino, el mismo sendero de los grandes pecadores de la historia bíblica.
Judas 1:11-16 El Camino de los Impíos y la Certeza del Juicio


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