Una iglesia fiel que mantiene la fe en Jesucristo, el amor a Dios y al prójimo, que expresa una fidelidad que inspira a otros, y que es asistida por la oración para poder perseverar en esa fidelidad, no está exenta de ser exhortada y animada a recordar siempre su llamado, y a estar vigilante ante los engaños a los que están expuestos los cristianos. Es una iglesia susceptible de seguir aprendiendo, de seguir creciendo, de seguir progresando en la fe, en la gracia y el conocimiento del Señor Jesucristo.Ser parte de una iglesia fiel, implica ser llamado a la santificación, instrucción específica que ocupa la primera parte de este capítulo, y que es el objeto de nuestra meditación el día de hoy. Toda la Escritura hace referencia a este llamado, desde la creación misma podemos ver a Dios separando cada cosa, y separando al ser humano para sí, para manifestar su imagen, para manifestar su gloria.Nos corresponde hoy meditar en este llamado a la santificación que es recordado a los Tesalonicenses, y por medio de su instrucción, se nos recuerda también hoy a nosotros. Quiera Dios abrir nuestros oídos, darnos entendimiento, y abrir nuestros corazones a su Palabra para que podamos entenderla y ponerla por obra.
1 TESALONICENSES 4:1-8, LLAMADO A LA SANTIFICACIÓN


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